domingo, 3 de mayo de 2009

Proyecto 3 corte Darwish Orozco Vasquez

Ondas de choque contra bacterias.

Una secuencia de ondas de choque que se propagan en el agua tras generarse con alto voltaje y cristales piezoeléctricos se prueban en México como pequeñísimos proyectiles para destruir, sin necesidad de fármacos, a bacterias que causan infecciones en intestinos, vesícula y próstata.
El método, desarrollado en Querétaro en el Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada (CFATA) de la UNAM,
Una onda de choque es un pulso y significa un aumento súbito de la presión. Al incidir en algún objetivo, la presión aumenta hasta 200 veces la presión atmosférica. Esto sucede en fracciones de millonésimas de segundo y luego la presión disminuye hasta valores por debajo de lo inicial.
Este evento extremadamente rápido ocurre dentro de un generador que produce ondas de choque a partir de 3 mil cristales piezoeléctricos, que tienen la propiedad de excitarse con un pulso de alto voltaje, el cual provoca que los cristales se expandan.
El movimiento vibratorio de los cristales traspasa una membrana de látex (plástica) que los rodea y facilita la propagación de las ondas a través de agua contenida en una tina que forma parte del equipo.
Los cristales piezoeléctricos están montados en un cascarón esférico de aluminio y tienen contacto directo con una membrana polimérica. Debido a la forma esférica del arreglo, la energía generada en los cristales se concentra en una región muy pequeña en el centro del cascarón esférico. El objeto que se desea tratar o destruir con las ondas debe estar colocado en este sitio
Las ondas viajan a una velocidad de mil 500 metros por segundo, y se requieren entre 500 y 3000 de ellas para fragmentar un cálculo renal. Su presión se controla variando el voltaje, mientras la cantidad de ondas se regula con un contador de descargas que cuenta el número total de ondas generadas.
Efecto doble e intensivo

Para lograr una mejora de hasta 40 por ciento en el método para pulverizar cálculos renales (llamado litotripsia extracorporal) y reducir los daños a los tejidos de los riñones, Loske y sus colaboradores, el físico Francisco Fernández Escobar y el químico Ulises Mora Álvarez, innovaron con un método propio que consiste en lanzar una onda de choque convencional, o monopulso, seguida de una onda “tandem” que se envía con una diferencia de entre 200 y 600 millonésimas de segundo para magnificar el efecto.
Al pasar una onda de choque a través de un tejido (como el renal o una bacteria) o a través de una bacteria o un fluido se generan pequeñísimas burbujas que se expanden súbitamente aumentando su volumen cientos de veces. Al colapsar emiten chorros de líquido, llamados ‘microjets’, a velocidades de hasta 400 metros por segundo. Estos ‘microjets’ son como diminutos proyectiles que inciden sobre el objeto colocado en el foco del generador de ondas de choque.
Las ondas de choque tandem (las segundas en propagarse) inciden sobre las burbujas en el instante en que inicia el colapso, aumentando la energía y velocidad de los ‘microjets’. Esto produce efectos muy potentes que perforan los cálculos renales y atraviesan y destruyen bacterias dañinas como Escherichia coli y Listeria monocitogenes, causantes de severas infecciones intestinales y extra-intestinales.
El uso de ondas en “parejas” ha logrado resultados prometedores en la destrucción de bacterias, pues mientras las ondas monopulso no lograron inactivar su efecto infeccioso, añadiendo ondas tandem se inactivó el 37 por ciento de Listeria monocitogenes y 51 por ciento de Escherichia coli en pruebas in vitro.

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